sábado, 26 de marzo de 2011

LA LLAMADA

Todo comenzó hace algunos meses, un domingo, en una hora cercana a las 10:30 pm.


Hacía algunos minutos había comenzado a sentir un poco de sueño, así que me acosté a dormir. Ya habían pasado algunos minutos, y aún no había logrado conciliar el sueño, cuando mi celular comenzó a timbrar. No sabía quién podía ser, y menos a esa hora, pero aún así me levanté y fui a contestar. En el momento en el que tomé el celular, este dejó de timbrar. Miré el número y era un número desconocido. Pensé que se trataba de una llamada equivocada, y con este pensamiento me acosté a dormir de nuevo. Otra vez, algunos minutos después, aún no me había podido dormir, o al menos eso creía, cuando el celular timbró de nuevo. Esta vez me levanté un poco más de prisa que la vez anterior, y en esta oportunidad sí logré contestar la llamada. 


No logré identificar la voz del que me hablaba al otro lado de la llamada. Desde el momento en que contesté, esa voz hablaba sin hacer pausa alguna, y diciéndome palabras que no podía comprender, ni mucho menos creer que me las estaban diciendo. Esas palabras eran los sucesos que supuéstamente me iban a suceder en esa semana que comenzaba al día siguiente.


La voz me iba enumerando, por cada día, los sucesos importantes que iban a ocurrir, aunque lo hacía sin muchos detalles. Así, me contó todo de lunes a domingo, luego, la llamada se terminó. No sabía que hacer, si decirle a mis papás lo ocurrido, pero al final decidí no hacerlo, ya que pensé que no me creerían. 


De nuevo, me acosté a dormir, aunque no logré hacerlo en toda la noche. Al día siguiente, decidí que tampoco iba a contar nada de lo sucedido. Primero quería saber que tan reales eran estas predicciones que había recibido. La primera de las predicciones para ese día decía que a la primera hora, el profesor de física no iba a estar en la clase, pero que a la segunda hora iba a llegar y no haría una evaluación sorpresa. Así sucedió, efectivamente. Yo no lo podía creer, pero necesitaba estar seguro de otro suceso más para convencerme, así que esperé a que ocurriera la segunda predicción: el martes no habría clase. Al día siguiente, a la hora en que me recoge mi ruta, me llamó el conductor de esta y me comunicó que no habría clase, porque se había ido el agua. 


Así pasaron cada una de las predicciones, todas al pie de la letra, hasta que por fin llegó el domingo, el día de la última predicción. Ese día no ocurrió la predicción, hasta que a las 11:00 pm decidí mirar el celular, y vi que había un mensaje. Este mensaje decía, que por no haberle contado a nadie lo sucedido, podía permanecer ,tranquilo, que esto no volvería  a suceder. No sabía que pensar, pero aún así, me acosté a dormir, y al día siguiente, al despertarme, noté que había sido un simple sueño.